Llovía. La lluvia resbalaba por mi cara y se fundía con mis lágrimas. En mis momentos de lucidez sé que debería superarlo, pero ahora todo me da igual. Un mes después de dejarlo has rehecho tu vida y yo sigo aquí, vagando por las calles y llorando porque te he visto con ella. La besabas, como hacías conmigo. Y un pensamiento se abre paso en mi mente, como un rayo de sol entre la lluvia. Que un día ella estará como yo, llorando por ti. Y que si cuando salíamos todas me decían que eras un manipulador no era porque estaban celosas, como yo pensaba. Sonrío. Y escucho una voz detrás de mí.
-¡Oye! ¡Susana! ¿No te estás mojando?
Me doy la vuelta y veo a mi vecino del tercero, corriendo hacia mí. Lleva paraguas. Sonrío. Siempre ha estado colgado por mí.
-¿Te llevo a casa?
-Sí. Claro.
Y sonrío. Porque creo que puedo volver a empezar.
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